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Camino a Passivhaus: estanqueidad y ventilación con recuperación, los dos pilares que se juegan en obra

1 de septiembre de 2026

Passivhaus es de los pocos estándares que no se conforma con buenas intenciones: fija límites numéricos y obliga a demostrarlos midiendo. De sus cinco principios —aislamiento de alto nivel, ausencia de puentes térmicos, carpinterías y vidrios de prestaciones, estanqueidad al aire y ventilación con recuperación de calor—, los tres primeros se deciden sobre el papel. Los dos últimos se juegan en la obra, y son los que más quebraderos dan. A ellos va esta guía.

La estanqueidad no se supone, se mide

Un edificio muy aislado pero permeable es una contradicción andante. Si el aire se cuela por las juntas, el calor se va con él y el vapor que arrastra puede condensar dentro de los cerramientos, con humedades y moho de propina. Por eso el estándar exige un valor n50 (renovaciones de aire por hora a 50 pascales de diferencia de presión) que no debe superar las 0,6 renovaciones a la hora.

Ese número solo se alcanza con una capa de estanqueidad continua que envuelva todo el volumen calefactado: láminas, el enlucido interior donde haga de barrera, y cintas que sellen cada encuentro —perímetro de ventanas, pasos de instalaciones, cajas de persiana, encuentro de cubierta con muro—. La regla mental: poder recorrer la envolvente con el dedo sobre la capa estanca sin levantarlo nunca.

El juez es el test Blower Door. Un ventilador calibrado presuriza y despresuriza el edificio a 50 Pa y mide el caudal que se fuga. El consejo que más dinero ahorra: hacer un primer ensayo cuando la capa ya está puesta pero todavía accesible, antes de cerrar trasdosados. Con el edificio en depresión las fugas se localizan a mano y se sellan mientras se puede; esperar al final convierte cualquier rendija en una reforma. El mismo principio sirve, a otra escala, para detectar fugas en casa sin equipo profesional.

Ventilador del test Blower Door instalado en una puerta exterior durante el ensayo de estanqueidad El Blower Door mide el caudal de fuga a 50 pascales: de ahí sale el valor n50 que certifica.

Respirar sin perder el calor

Una envolvente tan hermética obliga a una pregunta: ¿por dónde respira la casa? Por la ventilación mecánica con recuperación de calor, o doble flujo. Extrae el aire viciado de cocinas y baños e impulsa aire fresco filtrado en dormitorios y salas, cruzándolos en un recuperador donde no se mezclan pero sí intercambian temperatura. En invierno el aire nuevo entra ya templado, casi a la temperatura interior, sin gastar en calentarlo desde cero; en verano el bypass lo deja entrar directo en las noches frescas. Esto, dicho sea de paso, desmonta el mito de que una casa pasiva no se puede ventilar.

El recuperador rinde solo si la instalación acompaña: caudales de entrada y salida equilibrados, conductos aislados al cruzar zonas frías, evacuación de condensados resuelta y filtros accesibles para cambiarlos sin desmontar medio falso techo. Hay seis puntos que conviene revisar antes de elegir equipo; un buen recuperador con conductos mal resueltos pierde casi toda su ventaja.

El orden importa: envolvente aislada y sin puentes, estanqueidad verificada con Blower Door, y sobre esa base hermética el doble flujo. Cada pieza apoya a la siguiente, y al final el edificio pide tan poca energía que el confort deja de depender de gastar. Eso, y no otra cosa, es lo que el sello certifica.