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Diseño · Bioclimática

Diseño bioclimático y sostenible

La mayor parte del consumo de un edificio se decide en el proyecto, antes de instalar ninguna máquina. Orientar bien, dar forma compacta, dosificar la masa térmica y dejar que el aire circule son las primeras —y más baratas— estrategias de eficiencia.

Punto de partida

Proyectar con el clima, no contra él

El diseño bioclimático parte de una idea sencilla: adaptar la forma, la orientación y la envolvente del edificio al clima del lugar para captar lo que conviene (sol de invierno, brisas de verano) y rechazar lo que no (radiación estival, viento frío dominante). Bien resuelto, reduce de raíz la demanda de calefacción y refrigeración, de modo que las instalaciones solo cubran un remanente pequeño.

Las cinco palancas principales —orientación, forma, inercia, ventilación y protección solar— actúan de forma combinada. Tratarlas como un sistema, y no como decisiones aisladas, es lo que distingue un proyecto bioclimático de una suma de buenas intenciones.

Captación

Orientación solar

En el hemisferio norte, la fachada sur recibe en invierno un sol bajo que penetra en profundidad y, en verano, un sol alto que es fácil de sombrear con un alero o voladizo bien dimensionado. Por eso se concentran al sur los huecos de las estancias de uso diurno y se reservan los acristalamientos al este y, sobre todo, al oeste —donde el sol bajo de la tarde es difícil de controlar y produce sobrecalentamiento.

La regla práctica: maximizar hueco al sur con protección estacional, minimizarlo al norte (pérdidas sin ganancia útil), y vigilar el este/oeste. La captación solar pasiva solo es una ventaja si va acompañada de masa que la almacene y de protección que la corte en verano.

Geometría

Forma y compacidad

La forma del edificio determina cuánta superficie de envolvente expone por cada metro cúbico habitable. El factor de forma —relación entre superficie de la envolvente y volumen interior— condiciona las pérdidas: a igualdad de aislamiento, un volumen compacto pierde menos calor que uno fragmentado y lleno de salientes.

Una buena compacidad no obliga a renunciar a la luz ni a las vistas, pero sí invita a evitar la geometría caprichosa que multiplica esquinas, retranqueos y, con ellos, los puentes térmicos y la superficie por la que se fuga la energía.

Almacenamiento

Masa e inercia térmica

La inercia térmica es la capacidad de los elementos pesados —muros, soleras, forjados de hormigón, fábrica de tierra— de absorber calor cuando sobra y devolverlo cuando falta. Esa masa amortigua los picos: retrasa y atenúa la onda de temperatura exterior, de modo que el interior se mantiene más estable a lo largo del día.

La inercia rinde al máximo cuando se combina con ventilación nocturna en verano: por la noche se ventila para enfriar la masa, que durante el día absorbe el calor y mantiene fresco el interior sin aire acondicionado. En cambio, en usos intermitentes o en climas sin oscilación térmica día-noche su ventaja se reduce, y conviene calibrar cuánta masa dejar a la vista.

Refrigeración pasiva

Ventilación cruzada y tiro térmico

La ventilación cruzada aprovecha la diferencia de presión entre la fachada a barlovento y la de sotavento: con aberturas enfrentadas, el aire atraviesa la planta y arrastra el calor. Para que funcione, el recorrido del aire debe estar despejado y las aberturas de entrada y salida razonablemente equilibradas.

El tiro térmico (efecto chimenea) usa la flotabilidad del aire caliente: el aire que se calienta asciende y sale por aberturas altas —lucernarios, patios, torres de viento—, succionando aire fresco por las bajas. Cuanto mayor es la diferencia de altura y de temperatura, mayor es el tiro. Ambas estrategias permiten refrescar el edificio gran parte del año sin consumo, y se potencian con la ventilación nocturna sobre la masa térmica.

Control

Protección solar

Captar sol en invierno y rechazarlo en verano exige protecciones pensadas según la geometría solar de cada fachada. En el sur, las protecciones horizontales (aleros, voladizos, lamas horizontales) cortan el sol alto del verano y dejan pasar el bajo del invierno. En el este y el oeste, donde el sol incide bajo y casi de frente, se necesitan protecciones verticales o móviles, más difíciles de resolver con elementos fijos.

El parámetro que cuantifica el comportamiento del vidrio es el factor solar (g): la fracción de radiación que el acristalamiento deja pasar al interior. Un vidrio de control solar reduce ese factor, pero la protección más eficaz es la que detiene la radiación antes de llegar al vidrio, por el exterior. La vegetación de hoja caduca cumple esa doble función estacional de forma natural: da sombra en verano y la pierde en invierno.

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